Proyecto anual del centro: "LAS EMOCIONES"




 Como docentes, lo que creemos de la inteligencia humana influye nuestras decisiones en el aula de clase. Si pensáramos que la inteligencia fuera algo innato que no cambia, no enseñaríamos. Pero no es la verdad, sin investigar las conclusiones de los psicólogos y los biólogos del pasado y del presente, sabemos intuitivamente que nuestros alumnos poseen talentos, habilidades, experiencias, e intereses variados.    También, sabemos que algunos alumnos aprenden los conceptos con rapidez y otros necesitan más tiempo o repetición. Por lo tanto, tratamos de reforzar las experiencias que tienen, aprendemos nuevas formas de enseñar y los preparamos con experiencias nuevas y únicas para que estén listos para la vida real.

   “La Educación Emocional va mas allá de educar con afecto. Es plantear las emociones, sentimientos en términos de valor”. (Rafael Bisquerra)

      Los primeros años de la Educación infantil son los mejores para desarrollar la inteligencia, habilidades y emociones. Cuantas más y más variadas emociones experimente un sujeto, más riqueza de pensamiento evocará sobre ellas ya que el desarrollo correcto de los hábitos emocionales produce un aumento de la curiosidad, motivación y ganas de aprender.    Al trabajar la inteligencia emocional el niño adquiere conciencia de los propios sentimientos, está en contacto con ellos y es capaz de proyectarlos en los demás; así como poseer la capacidad de empatizar con los demás.

   Teniendo en cuenta estas palabras, y la gran atención que está teniendo esta educación en la actualidad, nos planteamos trabajar la Inteligencia Emocional a partir de los sentidos, las emociones y vivencias de los niños en esta etapa de 0-3 años.

   Debido a las diferencias evolutivas de cada edad nos planteamos trabajar la inteligencia emocional atendiendo a las características de las mismas, y estas son:

- 0-12 meses: antes de que pase el periodo del neonato, la excitación general del recién nacido de diferencia en reacciones sencillas que sugieren placer y desagrado. Es decir, los bebés desde los primeros meses de vida entran a formar parte activa de un mundo físico y social, mostrando un tono emocional diferente en función de los estímulos con los que están interactuando. En un principio el llanto y el grito son una descarga, luego pasarán a convertirse en elementos de comunicación. A partir de los 4-5 meses aparece la rabia y el disgusto; a los 6-7 meses tensión y miedo, sentirá miedo ante la presencia de adultos extraños; a los 8 meses empieza a tener un certero sentido de la broma; a partir de los 9 meses expresa con facilidad alegría, disgusto y rabia; al año el niño irá expresando sus necesidades mediante gestos, actitudes y contactos visuales que provocarán reacciones en su entorno, dándose así un intercambio afectivo con los demás.

- 12-24 meses: al comienzo de esta etapa el niño comienza a demandar la atención exclusiva y a mostrar afecto no solo como respuesta al adulto, repitiendo cada acción que tenga respuesta de elogio. A partir de los 15 meses pudiesen aparecer los celos, ansiedad, confianza en sí mismo, orgullo, frustración y miedo pudiendo expresarlas de forma indirecta. A partir de los 19 meses surge el deseo de independencia y autonomía pudiendo generar conflicto y frustración. Esta etapa está marcada con un fuerte egocentrismo, demanda menos cariño y se
muestra más aventurero. Aun así se agudiza la ansiedad de separación, ya que el deseo de la independencia y autonomía puede llegar a convertirse en un apego excesivo. Se comienza la necesidad de explorar los límites de su poder.

- 2-3 años: los niños de esta edad pegan de un modo más o menos involuntario cuando se les frustra o no pueden conseguir algo que quieren, sin intención de hacer daño, aunque a veces utilizan estrategias. Ya pueden predecir las reacciones de los demás. Conviene transmitirle empatía con sus sentimientos, y a partir de ahí enseñarles a controlar sus emociones. Aparece la envidia, y se enfrenta a diferentes alternativas por lo que suele ser “cabezota”. El niño debe ir aprendiendo que su capacidad de actuar es limitada por el adulto y debe aprender a sentirse cada vez más autónomo.     La regulación afectiva, el contacto físico y emocional permite al niño establecer la calma en situaciones de necesidad de ir aprendiendo a regular por sí mismo sus emociones.

   Para conseguir y afrontar todos estos aspectos madurativos en cada uno de los niveles, vamos a tratarlo a través de los sentidos trabajando toda una serie de actividades manipulativas, sensoriales y experienciales.


MIEDO

Son reacciones frente a los desconocido y lo peligroso, bastante frecuentes en la infancia, que ayudan al niño a enfrentarse a las situaciones difíciles y amenazantes que se encontrará a lo largo de su desarrollo.
Muchas veces el miedo actúa como protector frente a los peligros reales: es un mecanismo que prepara para la acción. En otras ocasiones el peligro no es real y el niño tiene miedo; en este caso, supone una fuente de sufrimiento para el niño y de dificultades para los padres que no saben como afrontar la situación.
Los miedos típicos de la infancia se denomina miedos evolutivos y se presentan aproximadamente en el 50% de los niños en algún momento de su desarrollo, por ejemplo:

  • 0-6 meses: ruidos fuertes, pérdida del soporte emocional, estímulos intensos y repentino (irte a otra habitación).
  • 7-12 meses: objetos de aparición repentina, personas extrañas.
  • 1 año: personas extrañas, separarse de los padres, heridas, (agujas, inyecciones, cuchillos).
  • 2 años: ruidos fuertes (aspiradora, sirenas, tormentas), habitaciones oscuras, separarse de los padres. (se acrecienta)
  • 3 años: animales, oscuridad, ruidos, máscaras y disfraces, separarse de los padres (se acrecienta).
Las reacciones ante el miedo que tienen que los niños son las mismas que puede mostrar cualquier adulto; lo que varía es la intensidad de la respuesta.

Algunas pautas que pueden seguir los padres para ayudar a los niños son:

  • No ridiculizarlo.
  • Entender su miedo y ponerse en su lugar. Por ejemplo, ante la primera vez que vive una tormenta, es normal que se muestre atemorizado.
  • Tranquilizarlo.
  • No utilizar el miedo como pauta educativa. Ej: Si no te tomas el jarabe, tendrán que pincharte.
  • Demostrarle con la propia actitud que realmente no pasa nada. Si el niño ve que los padres, por ejemplo, tienen miedo a tocar un perro, es probable que él también sientas lo mismo y , seguramente, esa emoción le durar´mucho tiempo.
  • Tener paciencia. Cada niño necesita un tiempo para poder enfrentarse a las situaciones que le provocan temor.
  • No obligarle a que se enfrente a los estímulos que le provocan miedo de forma directa, porque, muchas veces, conseguiremos lo contrario: que tenga más miedo.
  • No mentirle sobre sus temores.
LA ACTUACIÓN DE LOS PADRES/EDUCADORES ANTE LOS MIEDOS DEL NIÑO PUEDE HACER QUE LOGRE SUPERARLOS O , POR EL CONTRARIO, QUE SE HAGAN CRÓNICOS.




Alegría:
Sorpresa:
Enfado
Tristeza




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